III Subida al Fitu – 11 y 12 de Junio de 2011

III Subida al Fitu – 11 y 12 de Junio de 2011

“Un Cachoper nunca abandona a otro Cachoper”. Es una de las máximas del decálogo Cachoper que redactara nuestro querido fundador Panzu, el de Mareo, el nietu de Carmina, allá por el verano de 2009. Algo que, a priori, parecía de cajón, sin trascendencia alguna para nuestras rutillas de fartures por el concejo gijonés, se convirtió en lo más guapo que pudimos vivir los Cachopers en  nuestra aventura de la III Subida al Fitu, acaecida en el mes de Junio de 2011.

Porque cuando por fin arrancaste tu máquina y te alegras de que el viento refrigere la sudada que llevas encima después de diez intensos minutos de proceso de ignición, entonces, en ese momento es cuando otro Cachoper exclama, tío, espera que la mía no va, debe estar ahogada, ¿tienes llave de bujía?…. Ahí, ahí, es donde te acuerdas de Panzu y de su decálogo. Cuentas hasta diez, te bajas de tu Vespa y le echas un cable. No se abandona a otro Cachoper, a tu camarada, a tu compañero, a tu amigo.

No le abandonas, de acuerdo, ¿pero qué haces? El Cachoper raso no entiende de mecánica, sólo mete y saca bujías. Es lo de menos, lo importante es estar ahí, y desear muy fuerte que su moto arranque pronto.

Sábado, 11 de Junio.

Un año después de que España llegara a Johannesburgo para ganar el Mundial, Los Cachopers quedábamos en Villamanín, Vila of the Little Hand y capital de Somió, para tomar un vermú y arrancar a la III Subida al Fitu, con pre concentración en Arriondas.

Y antes de que cayera el primer piscolabis, llegaba la primera nota de emoción de finde con la aparición sorpresa de nuestro Primer Presidente y Fundador, recién llegado de la Italia. Especialmente sorprendida fue la mocina que se había visto pillada literalmente en bragas según comentaba. Con la primera sorpresa llegaba el primer cambio de planes: habemus triple y con ella noche de arrenjuntamiento al cubo para Jai, Julián y el abogáu. El calzado deportivo de este último ya era un presagio de que nada iba a ser normal ese fin de semana.  Tal era la emoción que se nos olvidaron los vermús y nos pusimos en ruta sin más demora. Pero Los Cachopers, además de saber poco de mecánica, somos un poco desastre, así que a los cinco minutos de ruta, parada obligada en el Infanzón a echar gasolina. Aprovechando la ocasión, apretamos la rueda de atrás de alguno que iba haciendo mambo no fuera a ser que antes de La Llorea quedara sin ella.

Aunque a los Cachopers nos gustan las rutas bucólicas, rodeadas de naturaleza, por encima de todo eso, lo que más nos gusta es comer. Y teniendo mesa reservada a las tres, no era plan de arriesgarse yendo por la carretera vieja, lo suyo, como digo, es fartucase pronto, así que tiramos por la general que nos lleva en menos de diez minutos a la recta de la Venta de la Esperanza.

Nuestra ansiedad tuvo su fruto, llegamos con más de media hora de adelanto a la hora prevista para comer y hubo tiempo para unas cañas en la  terraza del Catalín. Sol de justicia y emoción por la exitosa salida del concejo de Gijón. Más emoción: ¡Los Presidentes nos hacen entrega de las invitaciones de boda! Un diseño muy original en donde se les puede ver caricaturizados a lomos de una Vespa por el Muro de San Lorenzo… la Presidenta Consuerte tiene mucho arte…

Capítulo aparte, como es habitual, merece la crítica gastronómica de la fartura en el Catalín. Una breve reseña aquí para dejar constancia del arroz con almejas de mala pinta pero exquisito sabor y traca final con los cachopos. Lleno el bandullu, de vuelta a lo nuestro, a vespear rumbo a Arriondas.

Para la bujía es bueno el sol, y mala la lluvia, eso lo sabe todo Cachoper y por eso no hubo sobresaltos y todas las máquinas sin excepción arrancaron al cuarto de vuelta, para que en cuestión de unos minutos dejásemos la falda del monte que vio desembarcar a Carlos V en Tazones y apuntásemos a la Villa.

Entrada triunfal con multitud de maliayos agolpándose en balcones y terrazas, pero sin tiempo para detenernos, pues la gymkana nos esperaba. Tiempo límite de llegada las seis. Hora local las cinco y media. Empresa harto complicada, pero un Cachoper no se rinde a las adversidades. Simplemente acelera.

Cambiamos concejo y abandonamos Villaviciosa para adentrarnos por las colinas de Colunga y atravesar la capital de mismo nombre. Avistamos en una gasolinera los primeros… ¿rivales?, ¿enemigos? En fin, también montan Vespa y provienen de Salamanca. Con ellos subimos el Fitu y arriba en el mirador, se produce el primer hermanamiento en nuestra historia: el Presi recibe de manos del jefe de la banda salmatina un pin y un parche corporativo. Nuestro Presi se mira los bolsillos, mira a su Cari, al suelo y por fin se quita su chapa Cachoper de la solapa y se la entrega a su homólogo castellano. Vítores inundan el aparcamiento del Fitu por el solemne acto de unión civil. 

Finalizado el ambiente protocolario, Los Cachoper, preocupados por la carencia diplomática que acaba de quedar patente, deciden por unánime mayoría nombrar a Julián Ministro de Asuntos Exteriores Cachoper. Su primera obligación, encargar más chapas y diseñar un parche oficial.

A pesar del desánimo creciente por las noticias que nos llegaban desde el Ayuntamiento de Gijón, donde una ausencia de pacto PP-Foro dilapidaría algún interés especulatorio entre algún presente, creímos necesario continuar viaje. Acompañados por nuestros nuevos hermanos políticos bajamos el Fitu dirección a la capital del concejo de Parres. Locos de remate los de Salamanca. Apuradas de frenada al límite y tumbadas espectaculares, nada que ver con el ritmo cachopero. Les perdimos la pista a los pocos minutos.

La decana de las máquinas, con el permiso de la Lambretta del Presi, entraba en Arriondas en reserva y, a pesar de que un Cachoper nunca abandona a otro Cachoper, hay una excepción: cuando hay una gymkana de por medio. La del 63 repostaba y el grueso del grupo lo echaba todo para llegar a tiempo de participar en la competición. Al final no pudo ser y los demás participantes celebraban la ausencia Cachoper, sin duda especialistas en la disciplina.

¡¡¡Moriyón alcaldesa!!! Fin a la hegemonía socialista en Gijón, subidón-subidón y  rumbo al hotel a maquearse y preparar la que sería la noche del tapado. Y es que se veía venir cuando lo vimos en playeros….

El hotel una cocada, bravo a la organización y chapeau a los pequeños detalles: individuales a los de la triple y matrimonial a los que “llevaban unos meses difíciles”. 

Lorenzo se acostaba y nosotros en un Brokeback Mountain Style pseudoimprovisado, que no confundir con Naveces Style, hicimos nuestra incursión a la Plaza La Peruyal tras bajar por una caleya cuyas fatales consecuencias no conoceríamos hasta el día siguiente.

Con la fartura de la comida aún en plena digestión, lo que hace un buen Cachoper es tirar de gintonics. Ni Tanqueray ni Citadelle, el Cachoper sediento se pide de la tenga menos probabilidades de agotarse, para no cambiar de palo. MG patrocinó la noche. Y de qué manera.

Lo que comenzó con visos de fracasar dado el escaso público, terminó siendo un desenfreno de bailes, gintonics y bocadillos de los que te marcan para toda una vida. Sería injusto a la vez que una auténtica putada poner nombre y apellidos a los protagonistas del guateque. Son gente con proyección y que apuntan alto, Los Cachopers rechazamos tanto la violencia como la difamación. El que una noche cualquiera, de un mes cualquiera en una plaza cualquiera te agarres la moña del siglo y escales a la plataforma del DJ a dejarle clarito quien manda en la fiesta no da derecho a nadie a terminar con tu buena reputación. Como tampoco lo hace, el que por tu culpa se rompa un embrague o que pierdas el móvil. Le puede pasar a cualquiera.

En resumen, que la ginebra y Los Cachopers somos amigos…hasta que dejamos de serlo. No es elegante presumir de las melopeas que nos pillamos de Pascua en Ramos, pero el que Alvarito busque desesperado a su Ana por la caleya, cuando ésta le espera ya en el hotel, que en el fragor de la batalla contra la naturaleza por llegar a casa, el Presi se pierda por un prau durante quince minutos o que Jai y el abogáu se pasen de frenada y sigan quinientos metros cuesta arriba para aterrizar en un maizal son cosas divertidas de las que no nos queremos olvidar.

Domingo, 12 de Junio.

Amanecen Los Cachopers a la orden de acudir a desayunar para despedirse de Panzu que tiene que volver a Gijón, viajar a Madrid, volar a Roma y conducir a Foggia. Casi ná. A pesar de esto, Jai refunfuña bajo la almohada que qué necesidad hay de despedir a alguien que “vuelve el mes que viene”.

Caras cariacontecidas en torno al café y el bizcocho. Unos porque se vuelven a decir adiós. Afloran lágrimas. Otros porque se han quedado sin embrague. Aflora odio. El recuento de desperfectos es superior a las posibilidades cachoperas. La moto del Presi va como una cabra loca y la de Pablo rompió el embrague y además pinchó. Los daños personales los completa el abogáu que presenta múltiples contusiones, arañazos y furaco en mano derecha.

Llaman de la organización. Han encontrado el móvil. Primeras sonrisas. A esto se le suma la oferta una pareja de Bilbao: somos de Bilbao y además tenemos un cable de embrague. Los de Bilbao somos la ostia. Visos de reconciliación entre Pablo y la reportera.

Fartucos de café y bollería todos somos más positivos. Sólo la mocina continúa mustia al ver a Alejandro partir en su Vespa 200 E para no volver hasta….el mes que viene. Pero la acción pronto nos hace olvidar las penas. Son las diez y media y a las once es la salida. Cambiar una rueda, un cable de embrague y arreglar la dirección en este tiempo es una tarea para Marquinos, el de MK2, tu taller de confianza en la calle Zoila 21. La rueda estaba pinchada y el cable estaba roto, el diagnóstico Cachoper excelente. Tan excelente como el estado de la dirección de la Lambretta. Marcos nos enseña cómo, para que funcione, hay que quitarle el bloqueo. Una lección más para la buchaca. 

El retraso de Los Cachopers no hace dudar a la organización: nueva hora de salida, las once y media. A esa hora, recién repostadas las máquinas y con un timing digno de mención hacen su aparición estelar por primera vez en una Subida al Fitu los de la camisa blanca, los encorbatados, los del MG…. Los Cachopers.

Boquiabiertos los espectadores con una imagen para la historia: Presidente y Presidenta Consuerte en Lambretta 150 LI azul, flanquedos por la Vespa 125 SL del Aparejador Especulador con su Viguesa de paquete y la Vespa PK 125 de Pezuñitas con Reportera Dicharachera atrás. Cierran la comitiva los habitantes de la triple: una Vespa 125 FL del abogáu, la vaca milka PK125 de Jai y la culona 150L de Julián, hoy con contrapeso de la mocina que quedó single.

Los Cachopers, aún novatos en estos masificados eventos y siempre conservando motor, ascienden al Fitu por la cara sur achuchados por el coche escoba, pero coronan la cima victoriosos. Pocos lo pueden celebrar con el culín de rigor. El MG está aún muy presente.

La bajada hacia Ribadesella es de escándalo, y con la confianza de haber visto sobradas sus máquinas en la ascensión, Los Cachopers llegan al Hotel Villa del Rosario con el grueso del pelotón. Recepción extraordinaria cortesía del hotel con aperitivo en un marco incomparable.
 
Vuelven a rugir motores y los participantes se ponen rumbo a Arriondas. Avatares del destino, la Vespa de Pablo volvía a quedarse en llanta, esta vez, por un reventón en toda regla. Y sin más rueda de repuesto disponible, él y la Reportera se tuvieron que rendir al coche escoba y hacer aparición en Arriondas en furgoneta.

Mientras tenía lugar la tradicional plantada de árbol por la organización, Pablo se hacía con una cámara nueva y Los Cachopers sorprendimos a propios y extraños con la rápida colocación en la cubierta de por la mañana. En poco más de diez minutos, Álvaro y Julián, partían hacia la gasolinera para hinchar el neumático reparado, mientras el resto se iba ya a comer. No sería tan trivial la empresa asignada. La cámara dentro de la cubierta tiene cierta posición. Vuelta a desmontar. Los cielos se enfadan. Cae el diluvio. La antigualla de Julián suele no arrancar a pedal, hay que empujar. Y si el suelo está mojado, la rueda derrapa y no mueve el motor. Cuando después de numerosas carreras dentro del limitado espacio de la gasolinera donde el suelo estaba seco la Vespa decide resucitar, es entonces cuando la de Álvaro se quiere sentir importante y decide romper su cable de acelerador. Desesperados, sudados y sobre todo, hambrientos, los dos exploradores deciden dejar allí a la pequeña cabrona y se vuelven a comer.

Fabes, arroz, carne, postre y café. Sin duda, la organización se ha portado requetebién. Habrá aplausos por eso.

Terminada la fartura, da comienzo el sorteo en el que Los Cachopers salen agraciados con varias camisetas, un vale para remar y… ¡hasta un casco! Crece el recelo entre los comensales y se especula sobre un posible tongo por la fortuna cachopera. El año que viene venimos con corbata, corea la masa enfurecida….

Llegamos al fin de la aventura. Ni qué decir tiene que el de la Calle Zoila número 21 volvería a hacernos un favor cambiando el cable del acelerador de Álvaro para que, contra todo pronóstico, Los Cachopers regresaron a Gijón a lomos de sus máquinas con sonrisas de oreja a oreja.

Comentarios

  1. Como presidenta con suerte, Inauguro los comentarios al Blog con mi mas sincera y cariñosa felicitación!!! eres un crack!!!!!!!!! no podia haber una cronica mejor!!!!!!

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